Derrota, lesión o infortunio…mala suerte, buena suerte, no lo sé.

Tennis-Ball-Over-NetA menudo algunos deportistas llegan a las sesiones un poco tristes, frustrados y decepcionados de sus más recientes experiencia deportivas; algo que por supuesto no nos debe extrañar o asustar, estas emociones (que ciertamente no son malas; ninguna emoción lo es) son tan naturales como el clima y la derrota, los fracasos, los malos momentos y las malas rachas siempre estarán presentes, no solo en del deporte, sino también fuera del mismo (la vida son altibajos). Por lo que es normal que se sientan así.

Sin embargo, es ahí cuando muchas veces me gusta recurrir a una interesante historia para ver si puedo guiarlos a que se den cuenta que en ese momento amargo es muy fácil tomar esa determinada experiencia como algo intrínsecamente negativo, así como que todo cambia momento a momento y que por eso debiéramos intentar tomar los reveses de la vida con un poco más de perspectiva.

La historia va más o menos así, espero que la disfruten:

“En una provincia de oriente, dentro de un país del cual no recuerdo su nombre y hace cientos de años, vivía un señor de edad avanzada que se dedicaba a la agricultura…El señor no poseía ninguna fortuna, apenas cosechaba y vendía lo necesario para sobrevivir con su hijo…Una tarde y por un descuido del joven de la casa—que dejó la puerta abierta —, el único caballo que poseían se escapó de la humilde granja…el vecino—que siempre estaba atento a los hechos que acontecían en aquel poblado—se percató de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-qué mala suerte vecino, se les escapo su único caballo, comento el señor.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Mala suerte…buena suerte…no lo sé”.

Pasaron algunos días y en una bella mañana el granjero y su hijo se percataron de que el caballo había encontrado su regreso a casa, pero la sorpresa más grande fue que el caballo no había regresado solo, sino con otros tres caballos…el vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel poblado—se percató de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-que buena suerte vecino, antes tenía un caballo y ahora tiene cuatro.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

A los dos días, el hijo del granjero se subió en uno de los nuevos caballos con la intención de adiestrarlo…el caballo se levantó en dos patas provocando con esto la caída y una fractura en la pierna izquierda del joven… el vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel pueblo—se percató de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-qué mala suerte vecino, los caballos que llegaron les trajeron mala fortuna. Su hijo se rompió la pierna y ahora no tiene quien le ayude a sembrar las tierras.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Mala suerte…buena suerte…no lo sé”.

A los pocos días el ejército llego a aquella provincia. El país había entrado en guerra y debían reclutar hombres que pudieran defender a la nación. Pasaron a la humilde granja y se percataron del que el señor era muy mayor y que el joven estaba imposibilitado para el combate, por lo que se fueron y pasaron a la casa de alado. El vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel pueblo—se percató de esta situación y desolado fue a visitar a su amigo:

-que buena suerte vecino, tu hijo no ha tenido que seguir al ejercito mientras que el mío se ha ido y no sé si lo volveré a ver.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

Y aquí termina el relato…”

Creo que está historia—una de mis favoritas—habla por sí sola.

Cuántas veces no hacemos un drama por una “mala” experiencia: nos entristecemos y queremos abandonar nuestra disciplina ante un fracaso, nos pelamos con la realidad y nos enojamos con entrenadores y compañeros, buscamos excusas, nos quedamos anclados al pasado y entonces nos enfocamos más en los problemas; lo que por termina achicando nuestra perspectiva.

En contraste, por otro lado y no menos importante, me parece que el relato también tienen un poderoso mensaje de despago. Es decir que nunca sabemos cuándo una “buena” victoria, recompensa o racha llegará a su final, así que no asumamos que es nuestra y que estará ahí para siempre; ese es un rápido camino al sufrimiento y la insatisfacción.

Así que ya lo sabes, si quieres dejar pasar esas emociones y pensamientos que te están afligiendo, procurar la ecuanimidad (ante la victoria y la derrota) y seguir adelante, aquella lesión, derrota, infortunio, problema o decepción…mala suerte, buena suerte, no lo sé.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: JMental Training

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