Una y otra vez hasta acceder a la zona (mi experiencia en el Querétaro Maratón, 21K)

10703974_361397724028787_4683569017513721315_nEl pasado fin de semana corrí en el marco del Querétaro Maratón 21 kilómetros, y, como estoy convencido que cualquier actividad que emprendamos es una buena oportunidad para observar cómo se comporta nuestra mente, esta carrera no fue la excepción.

Hace un buen rato que no corría 21K y si hay algo que ahora me llamó la atención, es lo fácil que la mente puede llegar a subirse a una especie de montaña rusa emocional.

Es decir, antes de arrancar la emoción inunda nuestro cuerpo y solemos salir a gran velocidad muchas veces sin reparar en que quizá ese no es el mejor ritmo para afrontar toda carrera. Pero entonces y apenas unos kilómetros más adelante, una subida puede modificar por completo nuestra interpretación y sentir sobre la experiencia que estamos teniendo: “Falta mucho”, “está pesado”, ¿a dónde se fue mi energía?, etc.

Pero ahora llega una bajadita y todo cambia de nuevo. La mente es un órgano reflejo y reacciona a absolutamente todo, ya sea dándole la bienvenida o rechazándolo, pero precisamente uno de los fines del entrenamiento mental es aprender a darnos cuentas que estos juicios y etiquetas aparecen en nuestra consciencia para después simplemente dejarlos ir.

En otras y más simples palabras, es aprender a aclarar nuestra perspectiva para entonces poder reinterpretar nuestras experiencias sin el velo que las emociones suelen sobreponerles. O como dice uno de los más grandes entrenadores de la historia del Basquetbo, Phil Jackson (quien introdujo la práctica del mindfulness en los Bulls y los Lakers), en el calor del juego, yo simplemente intento mantenerme en el presente y tomar las decisiones con base a lo que realmente está sucediendo en ese momento.

Entonces recordé mi entrenamiento y decidí soltar cualquier expectativa o juicio sobre mi desempeño. Y nadie dice que es fácil, la mente quiere hacer a lo que habituada, divagar, pero entonces llevaba mi atención a la respiración, a mi braceo, a mi sancada o cualquier otra situación que estuviera llevándose en ese momento cada vez que detectaba que algún otro pensamiento quería apoderase de mi atención.

Fue así que eventualmente y después de aclarar mi mente una y otra vez, que yo ya sentía que fluía con el pavimento, que ya me encontraba en la famosa “zona” que conocemos todos los deportistas, pero a la que a veces nos cuesta tanto trabajo acceder.

Del kilómetro 9 al 18 todo fue una sensación de libertad. Libertad de juicios, libertad de etiquetas, libertad de recuerdos, de expectativas, preocupaciones o problemas. En esos momentos corría por el simple hecho de correr y se sintió de maravilla.

Y claro que hacia el final el cansancio, el recorrido y la especulación sobre mi posible tiempo (no llevaba cronómetro), comenzaron a demandar con fuerza mi atención. Pero entonces, y una vez más, uno debe percatarse que esto sucede, e intentar llevar la atención a la respiración, al braceo, la sancada o a como la planta de los pies despega y aterriza.

Un instante después, ya podía ver la meta.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: JMental Training

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