¿Y si reducimos nuestras expectativas?

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Por lo general siempre salimos con un tiempo o un número en la cabeza; hoy voy a correr 40 minutos, voy por 60 kilómetros en la bici o nadaré un 20 toques.

Sin embargo y motivado por mis sesiones de la semana pasada, el sábado salí a correr, a manera de experimento, sin ninguna cifra en la cabeza. Es decir, sin ninguna expectativa. Solo correr por el simple hecho de correr y el resultado fue impresionante.

Y es que por ejemplo, cuando salgo con la intención de correr 10 o 12 kilómetros, mi mente suele rápida y automática hacer cuentas: “apenas van tres”, “ya estás cerca de la mitad”, “todavía te faltan cuatro”, “creo que hoy me voy a quedar en 10”, “¿por qué me cansé más hoy?”,”¿a lo mejor necesito un día de descanso”, “el clima no ayuda”, “¿y si doy una más para cumplir el objetivo?, etc., etc.

Entonces, si no traigo inmediatamente mi mente de vuelta al aquí y al ahora, lo anterior suele transformar mi experiencia en una más cansada, lenta y hasta sufrida.

Pero por el contrario, este fin de semana sentí una experiencia de total libertad y bienestar. Salí a correr y no importaba si lo hacía por 20 minutos o apenas llegaba a los 8 kilómetros. La idea era solo andar dando mi máximo esfuerzo y sin preocuparme por la distancia, ritmo o tiempo. Y cada vez que mi mente quería elaborar una expectativa o llenarse de pensamientos sobre mi desempeño, yo simplemente me recordaba, “eso no importa, tú simplemente sigue corriendo” y anclaba mi atención a algún otro objeto.

Al final no solo terminé recorriendo el doble de distancia de lo que suelo correr cotidianamente y sin mucho cansancio, sino que disfruté plenamente de la actividad.

“La mente es solo un órgano de reacción. Reacciona a todo”. Por lo que cuando los deportistas (sin importar cuál sea nuestra disciplina) elaboramos alguna expectativa sobre nuestro desempeño (un tiempo, una ronda, un número, un lugar o un resultado), en nuestra mente suele aparecer un incesante y continuo auto-diálogo que evalúa y juzga nuestra actuación. Y si uno no tiene cuidado, esa interacción se puede convertir en una batalla interna que no solo impactará negativamente nuestro rendimiento sino que nos que nos llevará a diferentes emociones aflictivas como desesperación, frustración, tristeza, enojo o ansiedad.

La mayoría de la veces el juez más severo y estricto de nuestro actuar no es un entrenador, los compañeros, el público o algún familiar sino nosotros mismos. Y no me malentiendan, por supuesto que tener un objetivo ayuda encaminar nuestros esfuerzos, pero si las expectativas sobre ese fin gobiernan en nuestra mente, automáticamente le estamos dando la bienvenida a la insatisfacción y el sufrimiento.

Es por eso que a manera de conclusión los invito a que, 1) sus objetivos siempre estén construidos con base al rendimiento y 2) a intentar no generar expectativas sobre su desempeño. Esto es “simplemente y sencillamente” salir a dar el máximo esfuerzo sin esperar un resultado a cambio.

Lo paradójico en este sentido es que si en verdad nos olvidamos de los resultados, por lo general, mejores resultados encontraremos.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: JMental Training

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