El Tri soñó y terminó por descuidar el presente.

No es por querer hacer leña del árbol caído, pero ayer mientras platicaba con algunas amistades y deportistas sobre la derrota de la selección mexicana en el Mundial me encontré con un patrón similar:

Es que estuvimos tan cerca; yo ya estaba viendo cuando era el próximo partido; ganábamos ese encuentro y nos metíamos a semis; soñaba con una revancha contra Argentina; imagínate, dos equipos de la CONCACAF jugando en cuartos de final; ya se había ganado.

Lo anterior nos habla de una clara tendencia por adelantarnos a los escenarios y si bien la afición no juega, muy probablemente estos y otros pensamientos sobre el futuro se aparecieron en la mente de muchos de los jugadores mexicanos apenas Giovanni Dos Santos marcó el gol para México.

Y, ¿cuál es el problema de instalarse en el futuro durante un partido?

Bueno, en tres palabras: descuidamos el presente.

Esto es que la capacidad de atención plena de un ser humano suele ser muy limitada. Entonces, cuando algo se apodera de nuestra mente, por lo general terminamos por descuidar otros aspectos que a veces hasta pueden ser más importantes. Piense en cuando estás platicando con un amigo y de pronto te das cuenta que desconoces lo que te estuvo diciendo porque tú estabas desarrollando otro pensamiento en la cabeza, o cuando estás leyendo, y en un momento caes en cuenta que has avanzado una página completa sin captar el mensaje porque estabas recordando alguna vivencia.

La atención es como un determinado número de fichas que vamos colocando en diferentes aspectos de nuestras actividades. Por ejemplo, supongamos que los jugadores del Tri tenían 10 fichas para enfrentar a Holanda: Cuando inició el partido, quizá ellos ponían una ficha en el entorno, una en la importancia del rival, otra en un eventual resultado y las siete restantes en lo que tenían que hacer (en seguir la estrategia, en su rendimiento y en estar muy atentos al desarrollo del juego). Pero de pronto cae el gol y el foco de atención de los verdes (con la afición incluida) cambia por completo. Los integrantes de la selección ahora ponen más fichas en el eventual resultado que en su desempeño y de paso colocan otras tantas en el reloj. Lo más crítico del asunto es que mientras mayor sea el contenido emocional de nuestros recuerdos, ideas o fantasías, mayor será el poder de estas para apoderarse por completo de nuestra atención.

En otras palabras, que muy probablemente la ansiedad de ganar, pero sobre todo de romper “la maldición del quinto partido”, le ganó a más de uno y entonces la claridad y concentración en su mente ya no era la misma para tomar decisiones, para dar prioridad al rendimiento y seguir con la estrategia que les venía dando bueno resultados.

En las entrevistas, los seleccionados mencionaron que no saben por qué dejaron de atacar, por qué cambiaron tanto su forma de afrontar el partido y por qué no le metieron más colmillo al asunto. Si bien los cambios pudieron ver con esto (la claridad de Miguel Herrara también se pudo ver afectada por las emociones que produce el estar tan cerca de un resultado), la realidad es que así como cuando nosotros pasamos las páginas de un libro sin atender a la lectura, ellos muy probablemente tampoco se dieron cuenta de lo que estaban dejando de hacer por estar mentalmente en otro lado.

Ahora, todo lo anterior es extremadamente común en los deportistas (y de hecho en todas las personas), pero insisto, el peso emocional que se le ha dado a por fin romper la barrera de los octavos de final, ha hecho extremadamente difícil para los jugadores, y cuerpo técnico, mantenerse ecuánimes ante situaciones como la que se les presentó el domingo pasado. Y es ahí en donde la capacidad de cada individuo para anclar su atención al presente y no permitir que la mente se llene de basura, llega a ser determinante en la consecuencia de un encuentro deportivo.

Finalmente, desde el entrenamiento mental debemos decir que México no perdió por culpa del árbitro, sino por lo que consciente o inconscientemente dejo de hacer. A fin de cuentas el árbitro es un aspecto del juego que está fuera del control de un equipo, pero su rendimiento, no.

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José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: JMental Training

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