Las consecuencias de no dejar ir un error.

En la final de los 100 metros con obstáculos en Beijing 2008, Lolo Jones de los Estados Unidos se acercaba a toda velocidad al oro olímpico. La atleta volaba por la pista pasando con gran facilidad las vallas y ya estaba en primer lugar cuando de repente algo salió muy mal.

“Al principio fue muy sutil: tenía la sensación de que los obstáculos se acercaban a ella demasiado rápido. Con esto, Jones tuvo el pensamiento Asegúrate de no descuidar tu técnica… asegúrate que tus piernas están piernas están saliendo adecuadamente””. Goleman

Entonces y como lo vimos en el boletín anterior, con esos pensamientos la atleta terminó por sobrecargar su mente en un momentos crucial; Lolo Jones golpeó el noveno obstáculo, terminó séptimo, se desvaneció en la pista y el llanto no se hizo esperar.

En Londres 2012 se disponía a intentarlo de nuevo, pero momentos antes de la competencia ella recordaba con claridad cristalina aquel momento que la llevó a la derrota cuatro años atrás; la estadounidense ahora terminó en cuarto lugar.

“Si le preguntamos a un neurocientífico, seguramente diagnosticará el error con certeza: cuando ella comenzó a pensar en los detalles de su técnica, en lugar de dejar el trabajo a los circuitos que habían practicado esos movimientos hasta la maestría de los mismos, Jones había pasado de depender de su sistema inconsciente (bottom-up) a la interferencia de los sistemas conscientes (top-down circuits). Los estudios del cerebro han encontrado que tener un atleta que comienza a reflexionar sobre su técnica durante una competencia, se convierte en una receta segura para cometer un error”. Goleman

Es así, que por un lado este boletín refuerza la importancia de aprender a relajarnos, a aclarar la mente y a confiar en las habilidades y técnicas que hemos entrenado y desarrollado a lo largo de los años para desempeñarnos eficientemente en un torneo. Pero también, refleja lo fundamental que es para un atleta aprender a detectar en donde está su atención (antes y durante de la competencia) y a anclarla a un objeto que no llene de basura nuestra mente.

En 2012, Lolo Jones se enfocó en aquella valla que le robó el oro olímpico y entonces diferentes pensamientos secuestraron su concentración y no le permitieron rendir al máximo en aquella final.

Y ¿cómo podemos anclar nuestra atención?

Bueno, de eso hablaremos un próximo boletín.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: JMental Training

Fuente Consultada:

Goleman Daniel. Focus: The hidden driver of excellence. Ed. Harper, 2013.

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