¿Para qué nos sirve la inteligencia emocional en la cancha?

Mucho hemos hablado en este blog de la Inteligencia Emocional (IE), pero ¿cómo nos puede ayudar esta a desarrollar al máximo nuestro potencial y sobre todo, a disfrutar cada una de nuestras experiencias deportivas más allá de un resultado?

Teóricamente la IE se define “un conjunto de habilidades no cognitivas que trabajan en forma conjunta con el coeficiente intelectual. Esta puede ser medida y aprendida”. Pero esto no nos dice mucho, ¿cierto?

Sin embargo, cuando revisamos los dominios de la IE la cosa cambia ya que esta nos permite:

  • Conocer las propias emociones: ser capaz de identificarlas, reconstruirlas y manejarlas.
  • Manejar efectivamente las emociones: diseño de ambientes emocionales propicios, autorregulación, manejo de conflictos y automotivación.
  • Escuchar las emociones de otros: reconocer la existencia en otros de emociones, ser empático y prestar atención a las señales emocionales.
  • Crear relaciones sociales: construcción de redes de ayuda, colaboración, cooperación, liderazgo, trabajo en equipo.
  • Reparar daño emocional: capacidad de pedir/ofrecer disculpas y enmendar, perdonar. (Beuchot, 2011)

Ya sea a la hora de competir (individual o colectivamente), entrenar o viajar  y tener que convivir con el equipo, con el (los) entrenador (es) o con sus padres, es innegable que cualquier atleta se puede beneficiar de desarrollar las habilidades anteriormente citadas.

Y, ¿cómo se desarrollan?

Por un lado, es importante mencionar que son 5 los pilares que sostienen a esta inteligencia no cognitiva:

  •          Autoconciencia,
  •          Autorregulación,
  •          Automotivación,
  •          Empatía y
  •          Las Habilidades Sociales

Por otro lado, también es fundamental señalar que la IE no se aprende leyendo un libro o este boletín:

“La inteligencia emocional nace principalmente en los neurotransmisores del sistema límbico del cerebro, que controla los sentimientos, los impulsos y los estímulos. Las investigaciones indican que el sistema límbico del cerebro aprende mejor mediante la motivación, la práctica prolongada y la retroalimentación. Compárese con el tipo de aprendizaje que se produce en el neocortex, que controla la capacidad analítica y técnica. El neocortex se encarga de los conceptos y de la lógica. Es la parte del cerebro que deduce cómo usar una computadora o hacer una llamada de ventas con sólo leer un libro” (Goleman, 2004).

Es por esto que es primordial que los deportistas tengan y generen una serie de prácticas y hábitos que les permitan llevar a cabo la fórmula de la que habla Daniel Goleman.

En una próxima entrega abordaré los temas de autoconciencia y autorregulación, pero para concluir este boletín quiero compartirles una metáfora que puede contribuir a esclarecer el concepto de la inteligencia emocional y una práctica (tip) para empezar a estimular nuestro sistema límbico.

Ojalá sea de su interés:

METAFORAIE TIP5

 José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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